Defendemos el uso de paisaje como modelo y medio, descriptivo y prescriptivo. El paisaje entendido como concepto integrador y operativo, donde confluye lo científico y lo poético, resultado espacial de procesos tangibles e intangibles [bióticos, abióticos, culturales, políticos y económicos]. Trabajar desde el paisaje es entender las relaciones existentes entre los diversos procesos que lo conforman, sus principios y dinámicas. Se trata de contextualizar y ordenar los procesos existentes, manejar su lógica, inspirarse en la estética de lo cotidiano y celebrar lo ordinario. Menos sobre autoría y más sobre colaboración. Priorizar los procesos latentes y la experiencia sobre la forma. El paisaje se mantiene como concepto elusivo porque no es externo, está en nosotros: somos paisaje, literal, figurativa y metafóricamente.